Cine y TV: Lavadoras de Cerebros

Mucho se ha escrito sobre la influencia de la televisión y el cine. Las películas entregan mensajes preparados que nuestro cerebro, en muchos casos, se traga sin protestar. Es así como el individuo adquiere comportamientos y deseos para su vida que no son propios, sino producto de una manipulación externa, astuta y previamente elaborada, mayoritariamente por cineastas extranjeros y que son alegremente incorporadas por aquellos que como corderos de un rebaño, van para donde los lleven, incluso al matadero.

Aquellos que como yo eran niños en la década de los 80, recordarán haberse sentido como Superman luego de presenciar como el hombre de acero sometía a los malos y salvaba a la humanidad. La serie “El Hombre Nuclear”, donde Steve Austin, un astronauta cuyo cuerpo fue reconstruido cibernéticamente y que tenía audición y visión telescópica, además de super fuerza y velocidad, igualmente calaron profundo en la mente de niños y jóvenes de esa época llena de superhéroes, capaces de todo por combatir y derrotar a los supervillanos. El mensaje no era del todo malo, pues se trataba de luchar por la justicia, pero la violencia formaba parte de la trama de manera sutil. Era la semilla a punto de germinar.

Del mismo modo, hay semilleros de los rápidos y furiosos de hoy, en las películas y series de antaño. Famosos eran en la década de los 80 “Los Dukes de Hazzard”, quienes siempre encontraban la forma de escapar de los corruptos policías, secuaces de Boss Hogg; o la carrera de autos de “Grease Brillantina”. Estas escenas palidecen ante el despliegue de violencia y agresividad que nos muestran sus homónimas actuales, con mucho más presupuesto y por ende, con mayor capacidad destructiva ya sea de automóviles, viviendas, negocios o vidas humanas.

Grease Brillantina

Grease Brillantina

El mensaje que entrega la pantalla ha evolucionado (o involucionado) con nosotros. Hoy es posible apreciar varias tendencias. Sin embargo me voy a referir a sólo tres de ellas, por su potencial poder de manipulación negativa.

Los mensajes del tipo “Disney”.

Son propios de películas elaboradas en estos estudios, pero no es exclusivo de ellos. Se trata de mensajes equivocados, que ponen en aprietos a los padres frente a sus hijos.

Un caso común es el de un niño o niña que tiene un juego de pelota o un acto teatral en su colegio, al que el padre se compromete a asistir porque es el más importante y porque debido a su absorbente trabajo, nunca antes ha podido ir y eso, obviamente, le hace sentir mal consigo mismo. Llegado el día, que se suponía iba a ser libre para el dueño de casa, porque así lo había solicitado y su jefe lo había autorizado; algo surge en la empresa y él debe asistir generalmente a cerrar un negocio. Aquí viene lo peligroso. El acongojado padre, presionado por el hijo que le dice al teléfono en forma lastimera y manipuladora: “Pero…Tu lo prometiste…” y la madre presionando por el otro lado a punto de pedirle el divorcio, finalmente decide dejar de lado su trabajo para ir a ver la actuación de su hijo o hija.

El caso anterior, es bastante emotivo y el mensaje a todas luces, es que el hombre de familia, es capaz de todo por el amor a sus hijos y que uno siempre debe cumplir lo que promete.

En la realidad, sin embargo y a diferencia de la televisión o el cine, sencillamente luego de que el padre no hace lo que se le pide en su trabajo, será despedido, lo que a la larga generará sentimientos de culpa en el niño y la madre, atrayendo desdicha y problemas económicos a la familia y al padre ahora cesante.

Quizás es un poco extremista el desenlace real, pero de todos modos la idea es ir más allá del filme, que siempre deja esta parte inconclusa o bien, confía en un jefe buena persona que entenderá los motivos del padre.

A diferencia del mensaje que pretende entregar este tipo de películas, donde todos son finales felices, en lo que pareciera ser el comportamiento correcto; la realidad es que el niño que hace suya esta forma de pensar, se volverá un manipulador de primera categoría, que exigirá a sus padres prometer cumplir aquello que él quiere, no aceptando de buena forma los reveses de la vida, donde no siempre se obtiene lo que se desea. Este tipo de mensajes son contrarios al desarrollo de la capacidad de adaptación y de manejo de las frustraciones.

Mi recomendación de padre es que no se pierda la oportunidad de explicar a los hijos, que en la vida real todos tenemos deberes y obligaciones que cumplir, que efectivamente la familia es prioritaria y es por eso que el papá o la mamá no quieren perder su trabajo, para poder seguir desfrutando del estilo de vida que tienen.

Los mensajes del tipo “Rápido y Furioso”.

Película Rápido y Furioso

Película Rápido y Furioso

La vida real

La vida real

Velocidad y nulo respeto por la ley, la seguridad propia o la del prójimo. Ese es el mensaje final de este tipo de filmes. Por esto, para entender el fenómeno actual de los autos “enchulados” circulando por las calles con más parlantes que carrocería y las carreras callejeras ilegales, me sometí a ver la película “Rápido y Furioso 5”, y eso fue realmente iluminador.

En ella hay un bueno a mi parecer el policía protagonizado por “La Roca”, un malo protagonizado por “Vin Diesel” y otro perversamente malvado que en este caso, era un fabricante de drogas quien junto a policías corruptos, tenían compradas a las personas pobres de Río de Janeiro.

En la película no hay una definición marcada y clara entre el bueno y el malo, sino que se observa al malo haciendo igualmente cosas buenas y al bueno otorgándole oportunidades al malo, incluso celebrando el que se haya salido con la suya. El mensaje es ambiguo, por lo que en una mente débil y con tendencias delictivas, reforzará el concepto del dinero fácil, el poco respeto que se debe sentir hacia los corruptos representantes de la ley y a las leyes mismas, y lo divertido que es conducir un auto a altas velocidades por calles no habilitadas para ello. Este fenómeno se vuelve más peligroso aún debido al éxito de taquilla y por ende, a su masificación; pues es una película entretenida, llena de acción y violencia desmedida, destrucción masiva de vehículos y propiedades, que seguramente harán que uno no se despegue de su silla. El problema, debo insistir, es creerse uno de los dos protagonistas y salir fuera de casa a hacer cosas como las que se presenciaron.

Así que si te dicen de cariño, “El rápido y furioso”, preocúpate, pues indica que algo anda mal.

Los mensajes del tipo “Anti-super-héroe”.

El super héroe extremadamente violento y sanguinario, que puede ser el artista marcial desquiciado que saca con sus manos el corazón y la columna vertebral de sus enemigos, o bien el comando que con su ametralladora dispara miles de balas, dejando un río de sangre a su paso.

Las artes marciales, con un buen profesor, son un refuerzo para tu temple, tu espíritu y tu disciplina. Sin embargo, esta clase de películas muestran una degeneración del artista marcial, donde el ensañamiento y el exceso de escenas sangrientas marcarán a más de algún joven, que va a querer ser como ese modelo y saldrá a las calles en busca de acción, de enfrentamiento y si no lo consigue, se unirá a pandillas o verá oportunidades para demostrar su poder para golpear y herir, donde no las hay.

El verdadero artista marcial sabe que el mejor combate es aquel que no se pelea. Que es mejor no vencer a tu enemigo, sino llegar a un consenso, negociar. Eso si es realmente un reto, luchar y vencer a tu propio cerebro elaborando una estrategia donde todos ganen.

Un arma, como me consigo un arma, con una ametralladora o una bomba haría pedazos a todos. Esta parece ser esa la consigna presente en los filmes de comandos o de guerrillas. La idea es clara y los resultados se pueden ver en el aumento de los titulares en las noticias, que nos avisan sobre la muerte de varios escolares y docentes en un colegio estadounidense o bien, en los combatientes armados que luchan no entiendo bien por qué, en diferentes partes del globo.

Luego de tener en cuenta estos tres tipos y que de seguro habrán más, cuyo análisis profundo daría margen para escribir otro libro, aprovecharé de advertir sobre la publicidad, que únicamente busca vender productos sin importar si realmente son necesarios o no. Se trata de crear la necesidad donde no existe y que es comprobable por quienes al ver los típicos anuncios de “llame ya mismo”, una y otra y otra vez, les surgen las ganas de llamar y comprar ese último y revolucionario masajeador de glúteos, o la nueva peladora de papas que si llama ahora y en una oferta especial le incluye una segunda unidad y si llama ya mismo, mejorará su oferta con una tercera peladora de papas totalmente gratis. La capacidad de análisis nos dirá si necesitamos realmente en nuestra cocina, esas tres peladoras de papas de dudosa calidad que están vendiendo en la televisión, a cuatro, cinco o diez veces su valor real. Si la respuesta es “en realidad no necesito la peladora” o “no necesito el masajeador de glúteos pues ya tengo quien los masajee”, entonces no compre, no importa la ganga, de verdad, no compre.

Quisiera terminar este capítulo, refiriéndome una vez más a la televisión y al cine como medios válidos y fáciles de entretenimiento, que nos traen emociones dependientes de lo que estemos viendo. Pero aconsejo necesario procesar y evaluar el torrente de información. Los valores deben ser el colador y por supuesto que si, hay películas que nos dejan enseñanzas positivas, no lo voy a negar y es por eso que me rehúso a decir que la televisión es una caja idiota, pero si los valores no están firmemente arraigados en nuestro ser, si nuestra mente es débil y absorbente, es preferible abstenerse de ver aquellas cosas que se sabe vienen con algo negativo como mensaje, pues si el cine y la televisión son lavadoras de cerebros, somos nosotros mismos los que decidimos si les entregamos nuestras mentes en bandeja, o bien, analizamos inteligentemente el mensaje para no permitir que se nos manipule.

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