El ser humano, productor mundial de basura

En la ciudad de Temuco, República de Chile, por allá en los años 70 cuando yo era muy pequeño, mi madre me mandaba a comprar azúcar, aceite, pan, una bebida (soda o gaseosa) y por supuesto yo sabía que cosas debía llevar al negocio. Para el aceite y la bebida familiar de 750cc, la botella de vidrio correspondiente y para el pan, la infaltable bolsa de tela. En esos tiempos, esto era lo común y todas las familias vecinas lo hacían de esa manera. El azúcar era pesada y puesta dentro de un artesanal envase hecho en el minuto con papel craft plegado, el pan se vendía por unidades e iba directamente a la bolsa de tela, el aceite era vendido por litro y puesto en la botella de vidrio que se llevaba totalmente limpia al efecto. Las mermeladas mayoritariamente se preparaban con fruta fresca y en casa, se adquiría un mínimo de vegetales porque se cultivaban en cajones o en huertos que se abonaban con desechos orgánicos, como cáscaras de verduras, yerba mate ya usada y el estiércol de las aves de corral y otros animales que se criaban también para el consumo familiar. La harina de trigo se compraba por “quintales” hechos de tela, mismos que se reutilizaban en el molino o bien se transformaban en unas abrigadoras sábanas o paños de cocina. Todo era aprovechado y los desechos diarios eran en comparación, mucho menores que hoy en día.

Lo anterior, que parece digno de una comunidad ecológica actual, en realidad se hacía por necesidad. En esa época en mi ciudad, casi no habían envases plásticos.

Pero con el correr involutivo de los años, todo se volvió más simple y práctico. Hoy ya no hay que preocuparse de llevar envases y uno, siempre apurado, va con su tarjeta o su dinero a cualquier supermercado, compra lo que tiene que comprar, y además contribuye con su cuota de desechos a hacer más y más sucio este planeta, desde el momento mismo en que llega al hogar y comienza a desempacar la mercadería.

El mayor problema claramente lo constituyen los plásticos, pues aunque el 90% de ellos son en potencia reciclables, en la práctica sólo el 1% son reciclados en todo el mundo. Estados Unidos unicamente recicla el 7%, mientras que en Europa la cifra va en aumento por sobre el 25%. Números paupérrimos para las mayores economías del mundo. El lector inteligentemente se preguntará: “¿Si son estos los porcentajes que manejan los países desarrollados, qué queda para el resto?”. A pesar de esta cruda realidad, los plásticos se siguen produciendo y utilizando en todo el mundo.

Existen iniciativas “a medias” en distintas partes del globo. En algunos lugares las autoridades han dispuesto unos llamativos contenedores separados por colores para arrojar allí los distintos materiales reciclables, generalmente, plásticos, vidrios y metales, que al ser retirados van a parar por desventura, a un mismo y único contenedor de basura y desde ahí al vertedero. Hay muchos organismos que han caído en estas prácticas deshonestas, que buscan hacer creer a la gente que están haciendo algo por mejorar las condiciones en su medioambiente. Si quiere enterarse de su situación local, lo invito a utilizar esta gran herramienta llamada internet para buscar noticias y denuncias al respecto. Se va a sorprender, o quizás a estas alturas, ya no se sorprenda tanto.

Pero la peor noticia que le puedo dar es, por favor prepárese y mejor aun, siéntese. El reciclado de plásticos no existe. Tal cual lo lee. En realidad el plástico pierde sus características, se degrada cada vez que se intenta volver a utilizar y es por este motivo que un envase que originalmente guardaba alimentos para consumo humano, una vez “reciclado” no podrá usarse para el mismo fin, sino que ya no servirá para otra cosa que para contener detergentes, pesticidas y otras sustancias. Finalmente, luego de haber sido procesado unas cinco veces en promedio, no servirá para nada más que para quemarlo produciendo de paso, muchos gases tóxicos.

La buena noticia, es que nuestros incansables y abnegados científicos, están desarrollando y produciendo, aunque aun a un costo monetario elevado, plásticos degradables y biodegradables. Esto es, que gracias a la acción de una bacteria, de la luz solar o de otros elementos presentes en la naturaleza, serán nuevamente absorbidos por el medioambiente, en el mejor de los casos, sin causar impacto negativo alguno en los ecosistemas.

Extrañamente, cuando el plástico vio la luz a finales del siglo 19, era obtenido a partir de materia prima vegetal biodegradable. Lo que pasó posteriormente es que se dejó de lado este proceso y se optó por desarrollar la producción química de los distintos tipos de plásticos, incorporando en ellos resinas artificiales y derivados del petróleo.

Océano de plástico en Bulgaria

Océano de plástico en Bulgaria

En la revista “Nature”, número 494 del 14 de Febrero del 2013, se puede leer como un grupo de científicos hace un llamado a la comunidad mundial para clasificar distintos tipos de plásticos, como altamente peligrosos para la salud y el medioambiente. Se menciona el daño que producen estos desechos a más de 370 especies marinas que mueren en grandes cantidades al atascarse en el plástico o comerlo, como es el caso de las tortugas marinas que confunden las bolsas con medusas. Ellos, al revelar este informe, creen firmemente que al darles la categoría de peligrosidad que se merecen, estos materiales serán tratados acorde a su clasificación y ya nunca más como basura ordinaria.

El caso es que tampoco existe una conciencia por parte de la mayoría de la gente sobre el problema. En países desarrollados, las personas clasifican y separan el material creyendo que efectivamente están ayudando al planeta. Por otro lado, en los sub-desarrollados existe la cultura (o incultura) de usar y tirar, llegando la basura acumulada en lugares públicos a niveles realmente alarmantes, siendo además de todo lo dicho anteriormente, un aporte a la contaminación visual.

Basura luego de un recital de Los Jaivas en Santiago - Chile

Basura luego de un recital de Los Jaivas en Santiago – Chile

Nombrando los casos que conozco de cerca, en la realidad chilena, queda aun mucho camino por recorrer, y un buen principio sería sensibilizar y crear conciencia ecológica en las personas, porque basta con asistir al final de algún evento, un partido de fútbol, un recital u otro similar, para percatarse de las montañas de basura que si no fuera por los trabajadores que limpiarán el desastre y trasladarán la mugre a un vertedero, ahí quedarían, y se convertirían a la larga en un nido de ratas, zancudos y otros insectos dañinos. Lo que para unos es motivo de indignación, para otros causa total indiferencia. No se piensa en el largo plazo, donde ese comportamiento se lo estamos transmitiendo a las futuras generaciones a las cuales, dicho sea de paso, les estamos construyendo un lugar inapropiado y más aun, tóxico para habitar.

Un claro ejemplo es que en el mes de Agosto del año 2013 y mientras escribía este libro, se llevó a efecto un recital del grupo musical “Los Jaivas”, en el Parque Forestal de Santiago. Se trató de un espectáculo al aire libre y gratuito, por lo que la asistencia fue bastante, aproximadamente unas 25 mil personas. Vergonzosamente la muchedumbre dejó como saldo unas 20 toneladas de basura arrojada al suelo, en el mismo Parque. Las autoridades explicaron que todo el desperdicio fue debido a la numerosa asistencia. Sin embargo, a mi juicio, podrían haberse congregado un millón de espectadores y aun así, cada uno de ellos, podría haberse abstenido de arrojar basura. En este recital ocurrieron varios hechos lamentables, como agresiones a personas, destrucción de la propiedad y robos, lo que no es de extrañar si no se ha hecho nada por revertir el proceso involutivo humano y en estos casos, donde hay música estridente y gratis, sin importar si proviene de un grupo musical en vivo o de un equipo de música con grandes parlantes, donde circula mucho alcohol, cigarrillos y otras drogas, entre la masa, es en donde se agrupan en mayor número los seres más involucionados.

bolsasFue loable la iniciativa que tuvo el supermercado Líder entre los años 2011 y 2013, aunque tuvo poco eco en sus clientes chilenos. Unas bolsas de tela, bastante grandes y prácticas que se vendían en el mismo supermercado, invitaban al consumidor a ayudar un poco a descontaminar, dejando de utilizar bolsas plásticas. El comprador también podía traer su propia bolsa de tela, por lo cual recibía de vuelta un ahorro de tiempo al pasar por una caja especial que estaba, lean bien, casi siempre vacía. No está de más decir que los propios trabajadores del supermercado eran quienes muchas veces saboteaban las buenas intenciones de sus empleadores al no hacer respetar la fila exclusiva. La gente irreflexiva además, al ver desocupada la caja exclusiva para bolsas reutilizables, cancelaba allí sus compras aparentando no haber visto los sendos letreros que indicaban pasar solamente portando dichas bolsas. En definitiva una vez más, el cambio positivo de estilo de vida en que se esperaba fuésemos todos entusiastas participantes, quedó en una buena pero obsoleta idea.

Envases de plumavit acumulados en un desagüe cerca del mar en Haití

Envases de plumavit acumulados en un desagüe cerca del mar en Haití

Otro caso es Haití, país azotado por la pobreza y el sub-desarrollo, con un nivel de analfabetismo de casi 50%. Es algo muy común observar una cantidad ingente de plásticos que circulan a diario. Como el calor es siempre apenas tolerable, vendedores de agua en bolsas plásticas de alrededor de 200cc de capacidad, ofrecen en las calles el vital elemento por poco dinero. En forma masiva, se compra, se bebe y se arroja a la calle en donde las pequeñas bolsas se acumularán generalmente hasta el paso de la próxima lluvia, la que acarreará toda esta basura  y la depositará en el mar. Lo mismo pasa con las botellas de refrescos y envases de poliestireno expandido (plumavit), que se utilizan indiscriminadamente en la venta callejera de alimentos preparados, siendo los más comunes y apetecidos, el pollo frito con arroz o plátanos fritos.

Si uno efectúa el recorrido completo desde lo alto de la ciudad de Puerto Príncipe, capital del país, hasta la orilla del Mar Caribe, ocurrirá un curioso fenómeno óptico. Al ir acercándose al mar, pero aun a la distancia, se apreciarán cientos o miles de blancas gaviotas flotando en el agua salada, lo cual resultará atípico pues estos animales se sienten más atraídos por el vuelo que por el nado. Sin embargo, al acercarse, el espectador notará que lo que parecían aves, no eran otra cosa que miles y miles de envases de plumavit color blanco.

También son muy dados a efectuar espectáculos al aire libre y festivales, con música realmente a altísimo volumen. El saldo de éstos, no difiere mucho de lo que ocurre en Chile. Quizás si, la cantidad de basura puede ser algo mayor por espectador. Lo más triste en todo caso, es que también éstos terminan con un par de muertes y muchos heridos a bala o elementos corto-punzantes.

Canal Lachine en Montreal. Fotografía que encontré en Internet, pues en mi visita nunca observé basura.

Canal Lachine en Montreal. Fotografía que encontré en Internet, pues en mi visita nunca observé basura.

Un estilo de vida distinto hace de Canada, un país con ciudades bastante limpias, de las cuales tuve la oportunidad de conocer Quebec y Montreal.

El ciudadano común observa las leyes y teme la aplicación de fuertes multas de dinero si son sorprendidos en algún incumplimiento. Tal vez esto, además de un mayor gasto en educación y cultura, ayudan a que los canadienses sean más conscientes de su entorno y lo cuiden. Existen de hecho, extensos parques por toda la ciudad, muy seguros para caminar o recorrerlos en bicicleta o patines.

A simple vista, todo está bien dispuesto. Las personas son muy ordenadas y respetuosas también, aunque hay excepciones por supuesto, pero estas excepciones no llegan a enlodar la imagen de pulcritud que se proyecta al visitante. Los espectáculos al aire libre y que son muchos, se efectúan con el cuidado de presentarlos en áreas y en horarios que no afectan el descanso ni la tranquilidad de los hogares.

Sin embargo, no todo es color de rosas, pues como cualquier país desarrollado, la producción de basura es inmensa y es en su manejo donde se ve actualmente el dilema.

El problema tal vez, se resolvería responsabilizando a los productores de llevar a cabo el ciclo cerrado de reciclado o reutilizado, ya que hoy por hoy, producen los elementos que más tarde se convertirán en basura, despreocupada e impunemente.

Volver a algunas prácticas de antaño. Por ejemplo, usted llevaría su envase de gaseosa vacío y compraría uno lleno. Luego el envase vacío iría de vuelta al proceso de limpieza y envasado, mismo que en teoría podría ser repetido infinitamente y en el peor de los casos, el envase podría ser vuelto a fundir y reconstruir.

Además, otras medidas tales como la venta de ciertos productos a granel, la eliminación de los embalajes superfluos, la educación en el tratamiento individual y familiar de los residuos, también serían deseables y constituirían un real aporte a la lucha por la descontaminación.

Finalmente, la eliminación de todo tipo de plásticos que no se degraden o que no se pueda garantizar su total reutilización por parte del fabricante. El reemplazo sería claramente por materiales como el vidrio o el metal, debiendo incorporar políticas claras de bajo o nulo impacto ambiental en el cierre de ciclo de utilización, .

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